
Obispos irlandeses y el papa Benedicto XVI comenzaron una reunión extraordinaria que será el principio de un proceso de arrepentimiento por la pederastia cometida por algunos clérigos de la Iglesia irlandesa.
Un funcionario de alto rango del Vaticano dijo que los clérigos que hubieran pecado deben admitir su culpa por “actos abominables”.
El mensaje llegó en forma de sermón en una misa en la basílica de San Pedro. Los obispos tendrán dos días de conversaciones de crisis con el pontífice para formular una respuesta a las revelaciones de abusos que sacudieron a la devota Irlanda.
“Sí, las turbulencias desatan miedo, incluso aquellas que golpean a la Iglesia por los pecados de sus miembros”, dijo el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, número dos de la jerarquía vaticana.
El jefe de la delegación irlandesa, el cardenal Sean Brady, reconoció en Radio Vaticano que el encuentro forma parte de una “jornada de arrepentimiento, reconciliación y renovación” de la Iglesia irlandesa.
Benedicto XVI, los 24 obispos irlandeses y altos dirigentes del Vaticano celebrarán tres períodos de sesiones en respuesta a la indignación en Irlanda por el Informe de la Comisión Murphy. El documento fue una condena al abuso sexual infantil por parte de sacerdotes.
La investigación realizada el año pasado reveló que los líderes eclesiásticos de Dublín pasaron décadas protegiendo a sacerdotes que abusaron sexualmente de menores en escuelas católicas, centros de trabajo y orfanatos.
El informe Murphy comenta que en los últimos 30 años por lo menos 400 niños fueron víctimas de abusos cometidos por 46 sacerdotes de la archidiócesis de Dublín.
El encuentro es la continuación de las celebradas en junio y diciembre pasado en el Vaticano. En dichas reuniones el Papa reiteró su “tolerancia cero” para estos casos en la misma línea que ya adoptó con hechos similares en Estados Unidos y Australia.
El primer evento se produjo tras relacionarse el Informe Ryan, que desveló que miles de menores fueron objeto de abusos sexuales y torturas físicas y psíquicas en instituciones estatales regentadas por religiosos de Irlanda durante casi 70 años.
Vía | La Nación




